El famoso poema del pastor luterano alemán Martin Niemöller que escribió durante su confinamiento en el campo de concentración de Dachau, durante la segunda guerra mundial, se debe actualizar.
Este poema es un alegato contra la
cobardía de los intelectuales y de la sociedad civil alemana en general, en él se
abordan asuntos tan transcendentes como la asunción de la culpa o la
responsabilidad de nuestras acciones.
Se han escrito muchas versiones
de este poema, desde la década de los 50 del siglo pasado, no olvidemos lo que
afirmaba la supuesta versión original.
Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
ya que no era comunista,
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
ya que no era socialdemócrata,
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
ya que no era sindicalista,
Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no pronuncié palabra,
ya que no era judío,
Cuando finalmente vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.
Casi ochenta años después de su
publicación, la sociedad occidental parece reproducir los peores años del
nazismo hitleriano y del fascismo italiano: se asumen discursos xenófobos, se culpa
al diferente y al pobre de todos los males que nos afectan, y convierte en
enemigo peligroso a cualquier persona que no encaje en los parámetros de
uniformidad que imponen estas formas de poder absoluto.
En aquel momento eran los Adolf Hitler,
Benito Mussolini, Francisco Franco, Ante Paveliç, Oswald Mosley, Pierre Daye o
Antonio de Oliveira Salazar, los referentes del fascismo en Europa, ahora los referentes mundiales son los Donald Trump, Benjamín Netanyahu,
Viktor Orban, Marine Le pen, Geert Wilders, Mateo Salvini, Giorgia Meloni,
Santiago Abascal, Javier Milei o Jair Bolsonaro, pero las ideas y mensajes que
transmiten son los mismos.
Cuando los fascistas vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
ya que no era comunista,
Cuando …........
Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no pronuncié palabra,
ya que no era judío,
Cuando vinieron a matar y a expulsar a los palestinos,
no hice nada,
no era palestino,
Cuando vinieron a expulsar a los migrantes negros y latinos,
guarde silencio,
no era migrante y soy blanco
Cuando atacaron a las feministas,
no hice nada,
justificaba a los pobres machitos
Cuando vinieron a maltratar y a matar a las mujeres y a sus hijos,
mire hacía otro lugar
era un hombre muy macho
Cuando vinieron a maltratar y perseguir a los colectivos LGTBIQ+,
no hice nada,
no pertenecía a estos colectivos
Cuando finalmente vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.
Resulta preocupante constatar que
individuos jóvenes de ambos sexos y mujeres, nacidos y socializados en
contextos democráticos, beneficiarios de la libertad de expresión y del estado
de bienestar, manifiesten inclinaciones hacia ideologías autoritarias y
fascistas. Igualmente, llama la atención que personas migrantes respalden políticas
restrictivas que afectan a otros colectivos migrantes. También llama la
atención personas que pertenecen a colectivos LGTBIQ+ defiendan medidas
xenófobas y excluyentes que inciden negativamente en sus propios derechos. Finalmente,
genera perplejidad reflexionar sobre las narrativas transmitidas en el ámbito
familiar por progenitores que, en su momento, fueron emigrantes durante el
franquismo, y que parecen haber propiciado en sus descendientes una
idealización acrítica de tiempos pretéritos.
Aquellos autodenominados
patriotas que añoran políticas del pasado deberían dedicar más tiempo a la
lectura y menos a plataformas como TikTok. Conviene recordar que Hitler accedió
al poder en Alemania mediante elecciones democráticas, del mismo modo que Donald
Trump ha alcanzado la presidencia de Estados Unidos en dos ocasiones.
Analicemos ahora las políticas implementadas por el nazismo antes de la
denominada ‘solución final’: la instauración de campos de trabajo forzado para
disidentes, seguida de campos de exterminio para minorías étnicas como judíos y
gitanos. Entre las primeras medidas se incluyó el ataque a la prensa y la
prohibición de libros; posteriormente, la culpabilización de los inmigrantes
como responsables de todos los males; la siembra del miedo que convertía a los
vecinos en enemigos; y el recorte de la financiación cultural junto con la
criminalización de los intelectuales. A ello se sumó un expansionismo
imperialista, denominado por la Alemania hitleriana como ‘espacio vital’
(Lebensraum), acompañado de la creación de Estados satélite, con el objetivo de
controlar Europa. De forma preocupante, Estados Unidos parece replicar estas
estrategias: su ‘espacio vital’ abarca Canadá, México y Groenlandia, mientras
que países como Venezuela, Argentina, El Salvador y Chile actúan como Estados
títeres, en una dinámica orientada a dominar el continente americano. Como se
observa, la historia tiende a repetirse, y si añadimos la proliferación de Fake
News, se configuran todos los elementos característicos de la política
trumpista.